En esta entrada recogemos un artículo del Blog "Autopsia" de Miguel Lorente Acosta, Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico. Ha trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, fue nombrado Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.
Vaya por delante mi reconocimiento a la actual Delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández Oliver. La evolución seguida por el número de homicidios por violencia de género durante 2012 demuestra que se puede erradicar esta violencia, y que el instrumento que nos hemos dado para conseguirlo, la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, conocida como Ley Integral, es una buena herramienta.
Quienes años atrás la criticaban sistemáticamente, incluso la presentaban como causante de más violencia, y aprovechaban cada homicidio para recordarlo, ahora, de nuevo, tendrán que callar como deberían haberlo hecho en otros años cuando las estadísticas fueron similares.
La sociedad española no es más o menos violenta por la crisis o por factores generales cuando hablamos de una violencia estructural y construida sobre las ideas y valores de una cultura, que lleva a entender que los hombres pueden controlar y corregir a sus parejas. Elementos como la crisis actúan como “estresantes sociales” y condicionan la respuesta ante la violencia y la forma de llevarla a cabo, pero no la generan. Por lo tanto, es importante separar una vez más, como tantas veces hemos insistido, la violencia contra las mujeres de las circunstancias económicas, laborales, sociales, familiares… estas circunstancias no son la causa de la violencia, aunque sí pueden influir en que se produzca de una determinada forma y se reaccione ante ella según ese contexto.
La verdadera dimensión de la violencia de género en España la reveló la Macroencuesta, 2011, realizada por el CIS y el Ministerio de Igualdad, y puso de manifiesto que cada año son 600.000 las mujeres que sufren esta violencia, de las cuales aproximadamente un 20% denuncian. También mostró que la mayoría de las mujeres que salen de la violencia lo hacen directamente a través de la separación, concretamente un 73%.
La cuestión es ¿cómo está influyendo la crisis en la violencia de género?. Hay dos grandes mecanismos que inciden en la dinámica de las relaciones violentas, y con ello los matices de la respuesta.
Por un lado la crisis está restando posibilidades de autonomía a las mujeres al dificultar contar con un trabajo y una independencia económica para salir de la relación violenta, lo cual está llevando a una disminución de las separaciones, tanto de las parejas en las que hay violencia como en las que esta no se produce. Y por otro lado, la crisis ha recortado muchas ayudas y recursos dirigidos a la asistencia, atención, información, asesoramiento… de las mujeres víctimas de violencia, cuando no directamente las oficinas y organismos para llevar a cabo estas funciones. Esto hace que las mujeres maltratadas, ya con problemas de autonomía e independencia, tengan aún más dificultades para salir de la relación violenta.
La situación es clara: La violencia de género continúa y, de no hacer nada, aumentará al permanecer la relación violenta y al percibir el agresor de que “aquí no pasa nada, ni me denuncian ni se separa”. Y esta situación es muy grave por dos motivos básicos. Por una parte, por su significado y por el daño que está produciendo a cientos de miles de mujeres y a sus hijos e hijas, recordemos que los niños y niñas expuestos y sufriendo esta violencia son 840.000 cada año (¡el 10'1% de nuestra infancia!). Y por otra, porque está actuando como reservorio para que en cuanto se modifiquen las circunstancias y las mujeres puedan salir de las relaciones violentas, el riesgo de homicidio se dispare.
Los maltratadores no van a cambiar sus ideas y conducta por cuestiones económicas, ni los políticas de igualdad están avanzando como para que la sociedad adquiera más conciencia crítica frente a esta violencia.
La desigualdad continúa y las justificaciones de la violencia de género permanecen, por eso debemos insistir en los factores estructurales para acabar con las causas que dan lugar a ello y que al final terminan en el homicidio. Los homicidios por violencia de género son una manifestación más que se influye por elementos concretos relacionados con esta violencia, pero que actúan de manera independiente a lo que es el ejercicio de una violencia que busca el control y el sometimiento de las mujeres a las ideas y dictados del agresor.
La disminución del número de homicidios está en relación con los siguientes factores:
- Dificultad para separarse y disminución del número de separaciones
- Percepción de que no hay ayudas y sí más dificultades para salir de la violencia y de la relación violenta, como por ejemplo ocurre con los recortes y con las tasas para separarse, máxime si tenemos en cuenta que el 73% de las mujeres maltratadas salen de la violencia por la separación, no por la denuncia.
- Disminución de la crítica y de la instrumentalización política del “fracaso de la Ley Integral” ante cualquier homicidio. Esta circunstancia fue utilizada con frecuencia por el PP en la oposición y por un sector mediático e institucional de la sociedad, para intentar hacer “responsables” de los homicidios al Gobierno del PSOE y a su ley.
- Reducción del conflicto social y de la duda sobre la realidad de la violencia de género al bajar la intensidad del argumento de las “denuncias falsas”.
- Continuidad de las políticas y medidas (salvo las que se han recortado) que se venían desarrollando en prevención (campañas de concienciación, Teléfono 016…), protección (pulseras contra el maltratador, teleasistencia móvil…), atención a los menores, formación…
Las circunstancias son delicadas por haber llevado de nuevo la violencia a una invisibilidad que la hace pasar por inexistencia, y por el hecho de que muchas personas puedan creer que ya se ha conseguido parar a los violentos. Pero ellos siguen ahí, y están ejerciendo la violencia con una sensación de impunidad aún más alta.
Ahora es el momento para avanzar en prevención y para cambiar las referencias de una cultura que siempre ha sido cómplice con la violencia de género. Suprimir elementos de la educación como la asignatura de Educación para la Ciudadanía, recortar en servicios y ayudas para los víctimas, no dirigir políticas de igualdad para los hombres, poner tasas a las mujeres maltratadas que denuncian y a las que no denuncian, no contar con el conocuimiento y la experiencia de las organizaciones de mujeres… no es la forma de conseguirlo. Todo lo contrario, es una forma para que la violencia de género y sus homicidios nos “vuelvan a sorprender” cuando cambien las circunstancias económicas que atrapan a las mujeres dentro de la relación violenta.
Y de nuevo será tarde, mucho más tarde.